DEL MIEDO AL AMOR

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En el corazón todos somos niños. Cuando nos percatamos que el mundo adulto no sabía acompañarnos en nuestro corazón, aprendimos a relacionarnos con este mundo escondiendo nuestra verdad viva y aprendiendo estrategias para mostrar lo que se esperaba de nosotros. Una parte de esta herida de abandono queda camuflada en la compensación que hace el personaje aprendido. El camino de regreso comienza cuando ganamos el coraje de acompañar nuestro corazón sin sucumbir a las exigencias del mundo que nuestro personaje nos traslada. Volvemos a sentir nuestro dolor, aislamiento, inadecuación desorientación, y simplemente nos acompañamos, apostamos por esta identidad viva que abandonamos en estado embrionario, dándole –esta vez sí, la oportunidad de madurar.

De esta forma, a través de pasos cortos y titubeantes (¡un insulto para las exigencias del mundo!) vamos re-descubriendo cómo relacionarnos con el mundo desde nuestro latir, desde nuestro interés inocente y abierto. De esta forma, permitimos que la maduración de nuestro corazón que quedó interrumpida siga su curso y nos oriente en las distintas experiencias que elegimos para seguir.

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